Pablo Pacheco
España
El día amaneció lluvioso y un aire gélido irrumpía en mi celda. La nostalgia invadía mi intimidad y sólo lograba aferrarme al recuerdo de mis días en libertad y a la visita que tendría Manuel Ubals Gonzáles ese día.
Después que Manuel salió para el encuentro con su esposa y cuñada, quede sumergido en mis cavilaciones hasta caer rendido por el sueño y no fue hasta su regreso que volví a despertar.
Mayelin Bolívar González y su hermana viajaron cerca de 900 km en tren para la visita de Manuel, según nos contó él a su regreso a “La polaca”. Esta familia vivía en la parte más oriental de Cuba y como castigo adicional habían alejado a Manuel de su localidad para cobrar a sus familiares la rebeldía contra la dictadura. Este tipo de deportación dentro de la Isla se cumplió con todos los presos del grupo de los 75.
En una nota que Manuel nos escribió después de la visita, contaba casi lo mismo que Oleivys me explicó en mi visita sobre los acontecimientos relacionados con nosotros. Manuel debía enfrentar un dolor adicional al resto de sus hermanos de causa, pues Mayelin estaba embarazada y ya tenían dos hijos de 8 y 10 años de edad cuando fue arrestado.
Manuel nos explicó que el oficial de la seguridad del estado Bartolo Rodríguez le sugirió el día de su arresto, en marzo del 2003, que la mejor opción para su familia era que Mayelin no tuviera el hijo que llevaba en su vientre. La respuesta de Manuel fue radical: “preocúpese por su familia, que de la mía me encargo yo”. Supimos después que unos años más tarde éste militar fue expulsado del aparato represivo por corrupción.
Semanas después Manuel nos contó que su cónyuge, al lanzarse del tren en que viajaba cuando fue a visitarlo comenzó a presentar síntomas de aborto dado por un sangramiento vaginal. Además de los km recorridos, el peso de la bolsa de alimentos que cargaba para su marido en cautiverio y el sufrimiento por la separación, estaba el odio desmedido de la policía política hacia él por su actividad contestataria en su localidad.
La familia Ubals Gonzáles perdió uno de los gemelos que Mayelin esperaba. Por fortuna, el otro bebé continúo creciendo y hoy Emanuel es uno más entre ellos, corre, juega, disfruta de las caricias de sus familiares y todos lo ven como el fruto de la esperanza; una esperanza que nunca desaparece a pesar de las adversidades.
Quienes se creen dueños de nuestra patria trataron de reducirnos con sus métodos maquiavélicos, quisieron borrar la sonrisa de nuestros labios pero no lo consiguieron. Tanto odio nos dio fuerzas para continuar y comprender que la miseria humana nos conduce a un sendero que parece no tener salida, pero si nos apartamos de ese camino nos podemos salvar de ese odio.
La noche que Manuel nos dijo lo sucedido a su esposa me quedé un rato pensando en la familia de mi compañero y en su desgracia. Comprendí por primera vez que en cualquier lugar, incluso más cerca de lo que imaginamos, otro ser humano sufre y padece de las vicisitudes de la vida con un dolor mayor al nuestro. Aún así, nos levantamos para continuar adelante. Esta experiencia me sirvió para no quejarme tanto de mis problemas y compartir el sufrimiento ajeno.
A la mañana siguiente de Manuel confesarnos lo ocurrido a Mayelin ,me desperté cuando el militar de guardia repartía el desayuno y mi primer recuerdo fue para Mayelin. Mientras nosotros dormíamos ella sufría un dolor inimaginable y separada de su marido, como castigo adicional.
Nunca he podido comprender el por qué de tanto odio hacia nosotros.
Varias semanas pasaron y continué pensando en Mayelin y en la pérdida de su hijo, quizás nunca me recuperé de aquella noticia, pues me faltó valor para pedirle a mi pareja tener otro retoño en los años de encierro. No sabía si soportaría la experiencia que ellos vivieron.


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