Yosvani Anzardo Hernández
25 de febrero de 2011
Holguín, Cuba – www.PayoLibre.com – Es la tristeza un sentimiento que no deben permitirse las personas que luchan por la felicidad, por tal motivo yo no pienso con tristeza.
Mis niños son especiales porque son míos, tienen la costumbre de esconder las cosas que corren el riesgo de ser del gusto de la policía, sin distinción entre un reproductor MP3 o una caja de lápices de colores. Aprendieron a contestar con preguntas como respuesta universal. Y en la escuela deben reír cuando cada año los maestros siempre preguntan: ¿Quiénes son y qué hacen tus padres?, a pesar de que todos conocen la respuesta que figura en el expediente: “Contrarrevolucionarios sin vínculo laboral”.
Cuando la hostilidad de los idiotas y mediocres se vuelve enervante, los retiramos de la escuela uno o dos meses, y nuestra venganza es que al regresar a sus aulas, porque siempre regresan; demuestran orgullosos, mayores y más profundos conocimientos que sus compañeros. Sin dudas los “Contrarrevolucionarios sin vínculo laboral” somos mejores maestros. Sin embargo unos y otros tenemos algo en común. Una marca impuesta en el hombro izquierdo; cicatriz de por vida, tatuaje del sistema.
Hace algunos años pensé que mis niños se estaban traumatizando por aquello del acoso de maestros e hijos de padres estúpidos. Pero no tardé en ver que los traumados eran sus pobres compañeritos de escuela y sobre todo, sus maestras desprovistas de los más elementales conocimientos y aptitudes para ejercer esa noble profesión.
Aulas completas pasan por el psicólogo sin encontrar solución a sus conductas, y muchos niños en una especie de epidemia psíquica amenazan con suicidarse. Todos comparten marcas comunes impresas en la mente por padres cobardes e idiotas; heridas de por vida, tatuaje del sistema.
La escuela es un problema porque en ella se deforman los niños y nada positivo aprenden; sin embargo en escuelas parecidas pero durante los años 70 y 80 se desarrollaron mis actuales sentimientos morales. Claro que tuve excelentes maestros. Maestros que hoy en su mayoría no pueden ejercer por alguna razón inexplicable.
Un buen día contacté con algunos de ellos, dispersos en ocupaciones y oficios diversos. "Somos maestros -me dijeron todos-, no sargentos políticos. Los niños nos necesitan, pero el sistema no".
Nuevamente “el sistema” aparece en el centro del problema. Los niños de aquellos tiempos no aprendían la basura necesaria para sostener al gobierno, por ello se crearon las tele clases, los “Profesores Generales Integrales” y “Emergentes” y fueron desechados los buenos maestros. Desde entonces se ha trabajado incansablemente en deformar la sociedad, y para colmo, los mismos que llegan a cabo tal crimen, se lamentan por la falta de valores.
El gobierno creó la porqueriza, formó a los cerdos, y ahora lamenta sus modales, y hasta los culpa, por alguna razón.
Fui afortunado, porque mis maestros no me enseñaron todas las leyes de la física, me indujeron a llegar a ellas.
Mis maestros nunca me dijeron que lo que es bueno para unos es malo para otros.
Mis maestros no me enseñaron dogmas, me enseñaron leyes naturales.
Mis maestros borraron mis marcas, tatuajes del sistema. Dignificaron mi existencia formando una nueva raza de hombres libres, aunque marcados.
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