
Una revolución árabe democrática
El derrocamiento del autócrata tunecino Ben Ali es el primer triunfo de una revuelta popular laica y democrática en un país árabe. Es difícil imaginar que los jóvenes que han dado su sangre en ella, y los periodistas, abogados y artistas demócratas que les han apoyado, vayan a contentarse con la salida de Ben Ali, ni tan siquiera con el alejamiento del poder de su corrupto clan familiar. Van a seguir exigiendo, aún con más fuerza, libertad, trabajo y dignidad. Así que solo hay una salida para Túnez: la democracia. Sin ella, no habrá estabilidad en ese país. Ojalá que el Ejército tunecino lo entienda y garantice, como hizo el portugués con la Revolución de los claveles, una transición pacífica hacia un Estado de derecho. En cuanto a los gobiernos y opiniones públicas de Europa deberían ir tomando nota: la seguridad en el Magreb no la garantizan los déspotas, sólo podrán hacerlo las democracias.
AGENCIAS Y GLOBOVISIÓN
"Conforme al artículo 56 de la Constitución, asumo a partir de este momento el cargo de presidente interino", dijo Ghannouchi por televisión desde el palacio presidencial de Cartago.
El nuevo mandatario, de 69 años, escoltado por los presidentes de las Cámaras de Diputados y de Senadores, llamó a la unidad de los tunecinos de todas las corrientes políticas y se comprometió a respetar la Constitución.
"Llamo a los tunecinos de todas las sensibilidades políticas y regionales a hacer gala de patriotismo y unidad", declaró.
El presidente tunecino interino asumió sus funciones después de un decreto firmado por su predecesor Zine El Abidine Ben Ali antes de su salida del país, anunció el viernes por la noche la agencia oficial TAP.
Fin al presidente perpetuo
Tras gobernar por 23 años, Zine El Abidine Ben Alí deja Túnez, como lo hacen todos los regímenes totalitarios: huyendo y con el país ardiendo en protestas
Tal Cual
Confederacion Profesionales Vzla] ASI SE SACA A LOS DICTADORES DEL PODER! VIVA TUNEZ!
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