«Es demasiado fuerte escuchar a Raúl decir que hay que corregir los errores cometidos en cincuenta años de revolución. Me alegra que por fin se diga claramente las cosas, pero si se veían antes los fallos. ¿por qué no se metió mano a tiempo?», se queja una veterano militante del Partido Comunista, el máximo órgano de poder. «Si cometieron tantos errores ¿por qué no les meten presos?. A nosotros, a la mínima nos mandan al 'tanque'», abunda por su parte un joven desempleado que vive del «invento» y por eso no quiere dar su nombre. Según Raúl Castro eso sucederá de ahora en adelante.
«Lo que todos queremos es no pasar tanto trabajo para conseguir comida, que el salario sirva y que el transporte funcione bien. Si para eso hay que cambiar pues que se cambie lo que haga falta», afirma Darío, un artesano satisfecho con la ampliación del mercado autónomo aunque represente mayor competencia. Jorge, empleado con veinte años de servicio en una empresa de transporte y angustiado porque puede ser uno de los próximos 500.000 trabajadores que quedarán 'disponibles', es decir, sin empleo estatal, comenta que «mientras yo no vea que se pueda comprar y vender casas, o adquirir el coche que más me guste, o que se pueda viajar al extranjero de vacaciones sin tener que abandonar el país para siempre no voy a creérmelo».
También Catalina, trabajadora de una empresa mixta que ronda la treintena, confiesa que le pareció increíble que después de tantas consignas el presidente fuera a decir todo lo que hicieron mal. «Tuve que apagar la tele. Al final nos pasan factura a todos cuando quienes actuaron mal eran los dirigentes. Son tantos años que dicen una cosa y luego la cambian que cuesta pensar que ahora va a ser diferente», sentencia. «Aunque lógicamente me gustaría mucho que fuera cierto», agrega.
Pero no todos son tan agoreros a la hora de otear el futuro. Los más jóvenes confían en la apertura económica que impulsa el menor de los Castro. También algunos observadores extranjeros ven el momento actual como una oportunidad para mejorar la calidad de vida de los cubanos, o al menos de quienes se embarquen en la aventura del cuentapropismo, la iniciativa privada con la que el presidente cuenta para impulsar oficios y trabajos que el Estado había desatendido y que redundará en un despegue del consumo del que se beneficiará directamente la población de a pie.


¡¡¡Es que es para desconfiar y más...!!!
ReplyDeletePor supuesto!!!!1
ReplyDeletelo que prevalecera: «Lo que todos queremos es no pasar tanto trabajo para conseguir comida, que el salario sirva y que el transporte funcione bien. Si para eso hay que cambiar pues que se cambie lo que haga falta»
ReplyDeleteAMEN LAZARO....
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