
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Hay tanto hipócrita suelto, que da pena. Están en nuestro entorno, en la política, en todas partes.
Tengo muchos defectos, pero como ustedes me conocen, no soy hipócrita y por eso digo las cosas tal como son. Las teclas de mi computadora son libres, porque nadie me paga un centavo por mis escritos... así que puedo escribir sin ataduras de ninguna especie.
El fingimiento, la santurronería, la zalamería, la falsedad, la mojigatería... están presentes en cada acto de nuestra vida cotidiana. Y de vez en cuando saltan casos como el de WikiLeaks para mostrarnos la simulación diplomática en toda su falsedad.
Herman Hess plasmó el problema en "El Lobo Estepario" y nunca el caso del doblez personal estuvo mejor representado que en Harry Haller, el triste personaje que decía una cosa cuando estaba pensando otra.
¿Pero en nuestra vida real, qué hay detrás de cada drama?
Esposos que se engañan, hijos que viven una falsa vida, empleados que roban, políticos que mienten y levantan engañosas pantallas para que el público crea en ellos en el momento de votar y más tarde se olvidan de todas las promesas.
Dictadores en cierne, que mienten para llegar al poder y luego siguen engañando.
Religiones que instan a sus fieles a matar a los infieles.
Iglesias que prefieren pactar con el Diablo para obtener el poder levantar un seminario en tierra hostil a los credos religiosos.
La hipocresía está en todas partes.
Sin embargo, hay seres generosos que todavía creen en la dignidad del ser humano y en la Patria donde nacieron y no se venden ni siquiera para obtener la libertad.
¿Quien mira y habla por ellos?
No muchos y esa es la terrible realidad en el mundo de los hipócritas.
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