
El Incidente del Templo, pintado en 1600 por El Greco.
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Antes que me ataquen por lo que voy a decir... aclaro que soy profundamente creyente (y esto da para otro Apunte).
Sin embargo, cada vez creo menos en la Iglesia propiamente tal, que no ayuda a sus fieles cuando estos más lo necesitan.
La Iglesia Católica Cubana -con su máximo representante a la cabeza, el Cardenal Jaime Ortega- teme enojar al Tirano y ha preferido aliarse a él, para lograr las migajas caídas de la mesa del banquete.
No niego que ha logrado sacar de las cárceles a presos políticos. Pero aún le quedan 11, que dentro de sus sublimes dignidades, se han plantado en sus derechos y se niegan a ser arrojados fuera de Cuba.
En vez de las lamentables negociaciones con el régimen de Raúl Castro, ¿no habría sido más efectivo que el Vaticano se hubiera pronunciado abiertamente contra la situación de los derechos humanos en la Isla y hubiera -bajo este contexto- pedido la excarcelación de sus fieles, que no han cometido pecado alguno salvo luchar pacíficamente por sus derechos?
¿No sería justo que la Iglesia Católica amparara también a Reyna Luisa y no la dejara a merced de la Dictadura castrista que la castiga por el símbolo que ella representa junto a las Damas de Blanco?
Hay que recordar que hasta Jesús de Nazaret perdió la paciencia. Montado en cólera expulsó a latigazos a los fariseos del templo de Jerusalem.
Él dijo:
Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones.—Isaías; 56, 7
Pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones—Jeremías; 7, 11
La dignidad y el prestigio de la Iglesia en general está hoy en juego. No se puede servir a dos Señores, como en el caso de Cuba.
Y es hoy asunto del Vaticano definirse, como lo ha hecho ante la pedofilia: los escándalos de los abusos de menores por parte de sacerdotes.
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