
Condenado a 30 años de prisión por un crimen que activistas de derechos humanos dicen que no cometió, Julio Rodríguez aprendió a pintar tras las rejas para escapar de la depresión y recordarle al mundo que existen presos políticos en la Venezuela de Hugo Chávez.
Ahora, tras culminar un primer lote de 17 cuadros elaborados con pinturas que él mismo fabrica en base a piedra molida desde la cárcel de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques, la obra de Rodríguez será puesta en venta en Miami, en una exposición que los organizadores esperan despierte el interés de la comunidad venezolana en el exilio.
Rodríguez, de 55 años, lleva casi ocho años en cautiverio, siendo uno de los siete integrantes de la Policía Metropolitana de Caracas que fueron declarados culpables, por la Justicia de Chávez, de abrir fuego contra una marcha pacífica de manifestantes que protestaban contra el gobierno.
Pero activistas y líderes de la oposición argumentan que los efectivos de la Policía Metropolitana estaban defendiendo a los manifestantes contra francotiradores de grupos allegados al gobierno y que el gobierno luego los inculpó para que sirvieran de chivos expiatorios.
``Como los verdaderos responsables no iban a pagar las muertes, entonces el gobierno convirtió en víctimas a los verdaderos responsables y en villanos a quienes salieron a defender a las víctimas'', dijo Patricia Andrade, presidenta del grupo proderechos humanos, Venezuela Awareness Foundation.
Rodríguez, un sargento con 22 años de servicios en el cuerpo policial, ni siquiera se encontraba en el lugar de los hechos, cuando los francotiradores abrieron fuego desde el Puente Llaguno, dejando 19 muertos en los eventos que condujeron al golpe de Estado contra Chávez del 2002.
El sargento fue inculpado porque se rehusó a ceder ante las presiones de la fiscalía de que inculpara a sus compañeros de haber abierto fuego contra los manifestantes. ``El se negó, y le dijeron: `te va a pesar', y le metieron 30 años'', dijo Andrade, cuya fundación organiza la exposición de las obras.
Rodríguez comenzó a pintar una vez que se encontraba en la cárcel, en momentos en que luchaba contra la depresión, como una manera de plasmar su angustia y su sensación de impotencia ante una nación que naufraga.
En varios de sus obras, pintadas sobre hojas arrancadas de cuadernos, están presentes las rejas, la oscuridad, las cadenas, y palomas que vuelan en libertad.
El color azul, que también predomina en alguno de sus cuadros, es usado como una intensa referencia al cielo, al mar y a la libertad.
Las pinturas serán expuestas al público el viernes a las 7 p.m. en el Salón Palmetto del Hilton Garden Inn Miami Airport West, en el 3550 NW 74 avenida.
En una carta escrita desde la cárcel, Rodríguez expresa sus deseos de que los fondos recaudados con la venta de sus obras sean utilizados para ayudar a sostener a su familia, la cual enfrenta serias dificultades económicas debido a que el sargento era su principal fuente de sustento.
``En vista de la injusta condena que pesa sobre mis hombros... quiero y necesito seguir ayudando a mi familia'', dijo Rodríguez en la misiva. ``Me han quitado todo cuanto han podido, pero jamás mi dignidad y mi responsabilidad para con los míos''.
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