
La Habana, miércoles 27 de enero de 2010. Año 14 / Número 27Criticando el desempleo en el mundo.
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
"Creí en el gobierno hasta que me di cuenta que una cosa era lo que decía y otra lo que hacía" me comentaba este domingo un cubano de a pie, cuyo nombre me reservo para no causarle más problemas de los que ya tiene. Y espero, sinceramente, que nuestra conversación telefónica no haya sido interceptada por la Seguridad del Estado.
Ese sentimiento de desencanto debe de estar flotando en millones de cubanos en la Isla, quienes temen estar en las listas de las nóminas de los cesantes, en el inicio este lunes del proceso de despidos de medio millón de trabajadores "que sobran", según los cálculos del Régimen de La Habana.
Es el clásico empleo de "Ajustes del Estado", que beneficiarán al Patrón que es el gobierno, frente al Trabajador, quien será el único perjudicado.
Toda la pantomina política del comunismo, en que se pregona que el trabajador es protegido por el Estado, se viene abajo y todo los sacrificios de años de acompañar a la Revolución cubana, "que lo iba a cambiar todo" en beneficio de las clases no privilegiadas, fueron perdidos.
Hoy el trabajador cubano debe de estar contemplando con nostalgia el pasado -posiblemente relatado por sus padres- cuando reinaba el capitalismo y la libre empresa en la Isla.
Penosamente recordará con más fuerza aún que Cuba era próspera y libre antes de la llegada de Fidel Castro al poder.
Y lo hará quizás con rabia, cuando la realidad de la cesantía comience a golpear la humilde puerta de su hogar, junto con otro medio millón de sus infortunados compatriotas.
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