
blog Bajando se sube al Cielo
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Como todos sabemos la energía no se crea ni destruye, solo se transforma. Así un radiador eléctrico transforma la energía eléctrica en calorífica, una pila la energía química en eléctrica, una lámpara la energía eléctrica en luminosa, etc.
Las centrales eólicas transforman la energía cinética del viento en energía eléctrica, las centrales solares térmicas transforman la energía luminosa procedente del Sol en energía calorífica, y así otro largo etc.
Yo me pregunto: ¿Qué ocurre con nuestra propia energía cuando morimos? ¿Qué ocurre en el minuto uno y los sucesivos cuando emprendemos ese viaje sin retorno?
El tema de la muerte produce repulsa y miedo, se adentra en planos desconocidos para nuestra mentalidad. Dependiendo de la fe que abraces creerás en un destino u otro sin ninguna garantía. Para los ateos no hay vida después de la muerte, simplemente dejamos de existir; las religiones orientales apoyan que cada uno atraviesa un ciclo infinito de reencarnaciones hasta que se rompe el ciclo y la persona se hace uno con lo divino; El Corán dice que en el cielo los hombres tomarán vino y recibirán las atenciones de doncellas celestiales a las que podrán tomar por esposas; los cristianos creen en la resurrección a través de Jesucristo, hay quienes creen que se convertirán en ángeles e incluso quienes piensan que estarán flotando en las nubes tocando el arpa. El caso es que hay que creer en algo abstracto para no sentirse timado ya que la ciencia dejó bien claro que "nada de esto puede probarse y no hay pruebas científicas de estas afirmaciones".
La necesidad de agarrarse a un clavo ardiendo hizo surgir los "paras": fenómenos paranormales, parapsicológicos, parafísicos, etc que intentan explicar lo que necesita una explicación por absurda que sea. Lamentablemente aparecieron, como siempre y como seguirán apareciendo, farsantes que se aprovechan para hacer suculentos negocios con ello. Espiritistas de tres al cuarto, magos de pacotilla, videntes de feria e infinidad de interlocutores con el más allá que hacen su agosto en detrimento de una vía de conocimiento que pudo haberse abierto con mayor rapidez y limpieza.
Afortunadamente hoy, a pesar de la maraña de embaucadores, hay numerosos y muy serios trabajos de médicos y psiquiatras amparados por el rigor de su profesionalidad, que han tratado casos muy concretos encaminados al campo de los enfermos terminales o en estado de coma profundo que llegan a darse por muertos y que, sorprendentemente "regresan" otra vez a su cuerpo, a la vida, relatando con mayor o menor claridad sus experiencias mientras estaban en el más allá. Las coincidencias en los relatos son apabullantes teniendo en cuenta que resulta imposible poner de acuerdo a miles de personas de distintos lugares, diferentes formas de educación y creencias para que repitan lo mismo.
Yo quiero creer y creo que cuando morimos nos dirigimos hacia otro aspecto de la vida, el espíritu, el alma, nuestra energía vital no se destruye, sino que se transforma. ¿Para qué, si no, hacer sufrir a la humanidad con ese terrible instinto de supervivencia; para qué dar cabida en el sentimiento y en la razón a algo que no existe?
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