
Foto: Marcelo López
Cubamatinal/ Quiero trasladarme hacia el traspatio donde se ideó la autorización de las 178 actividades por cuenta propia. Intentar recrear como funcionarán los mecanismos de auditoría y control sobre los bienes y servicios que en su momento, si es que a alguien no se le ocurre cambiarle el agua a los pececitos, oxigenarán el Banco Central de Cuba y todo lo demás.
Por Odelin Alfonso Torna
La Habana, 30 de septiembre /PD/ Algunos se imaginan, otros ni lo sospechan, que serán parte de ese medio millón de trabajadores que por ahora, al destetarse del máximo organismo empleador, el Estado, tendrán que diseñar su propio proyecto de vida. Pero mientras estos 500 000 se van a la calle, antes que los lirios y las azucenas broten en la venidera primavera, otra plantilla se abrirá en función del leñador, la peluquera, el forrador de botones o los buquenques del Parque Central.
No estamos ante nada novedoso. El grueso (por no decir todas) de las actividades por cuenta propia que aparecieron publicadas en la lista del órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (Granma), el viernes 24 de septiembre, existía de manera autorizada o como parte de esa economía soterrada en el mercado negro.
Técnicamente es un plan basado en el rescate de los oficios tradicionales y los que han surgido a partir de nuestras vicisitudes, antes y después de la caída del campo socialista. Sólo que ahora el trabajo privado –los que debutan por primera vez y serán monitoreados por la Oficina Nacional Tributaria (ONAT)- lleva el cuño y el visto bueno oficial, además del requisito de ser cuentapropista jubilado o portador de algún vínculo laboral con el Estado.
Aún así, el gobierno cubano, en medio de sus aprietos económicos, no abre sus válvulas de escape sin antes engrasar sus amarres totalitarios. La plantilla de inspectores de la ONAT de seguro aumentará. También la de los auditores que controlan a los inspectores y…otros que siguen escalones arriba los controles de los controles, propios de esa burocracia administrativa que no tiene excedentes en la plantilla.
Esa será la actividad número 179 que no apareció en Granma, los cuentapropistas que no vemos. El personal que corrobore si los impuestos sobre los ingresos, las ventas, la fuerza de trabajo solicitada, los servicios públicos, la seguridad social y la declaración jurada anual, se paguen en tiempo y forma.
Aún no se sabe qué impuestos lleva un pocero, un aguador o un peluquero de animales domésticos.
¿Cómo serán las multas por la izquierda, esos pesos que resuelven el diario de los inspectores que burlan el fisco?
Si nos regimos por los precios minoristas de las materias primas e insumos (digo minoristas porque los precios mayoristas tienen que esperar a lo sumo dos o tres años), reparar un colchón de muelles costará lo mismo que uno nuevo en las Tiendas Recaudadores de Divisas (TRD).
El país se encamina a reformarse sin apenas contar con una base financiera sólida, que active paquetes de créditos a los cuentapropistas debutantes. El Estado pretende salvar su economía con desmochadores de palma, amoladores de tijeras e instructores de automovilismo, en un país sin rumbo ni racimos de palmiches. Iluso Raúl Castro y su gerencia con charretera, al creer que la revolución se “encamina” con toda clase de restauradores y reparadores.
Como dice un vecino, respecto al tema, van a pasarnos la película por segunda vez, hasta que se les ocurra decir que “pequeños ricos” salen a la palestra. Entonces el gobierno comenzará a ganar hilos de rosca, es decir: apretar, pedir cuentas de arriba hacia abajo y echarle la culpa a los americanos y su bloqueo.
Ni hablar de los cuentapropistas que no vemos, esos que amagarán con el talonario de multas y por su cuenta, perdónenme la redundancia, nos tasarán impuestos sin pagar los suyos.
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