
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Hoy, al regar mi mata de romero se desprendió su olor como si lo hubiera tocado una varita mágica.
El aroma me transportó a mi Patria. A un patio de mi antigua casa, donde había toda clase de yerbas para la cocina, pero donde reinaba el romero como dueño del lugar.
Cuando estaba feliz sacaba pequeñas flores color celeste y esparcía aún más su fuerte perfume.
Aquí, el Romero se llama Rosemary y no es perenne como en Chile o como las plantas que vi en el Mediterráneo, fuertes y de cara a la brisa del mar.
Aquí es delicado y se vende con frecuencia como planta de Navidad, en forma de pequeños pinos, que la más mínima helada basta para doblarlo y acabarlo, como si recibiera una peste, de la que es imposible recobrarse.
(Aquí, como el romero, los que no nacimos en esta tierra, tenemos que aclimatarnos y adaptarnos o corremos el peligro de no echar raíces y marchitarnos con las penas).
Mi maceta está viviendo sus últimos días al aire libre, antes de entrar a casa durante los largos meses de invierno.
Le hará compañía a un copihue, mi eucaliptus, un laurel y tres macetas de cedrón, además de todas mis otras plantas delicadas.
Quisiera que todas fueran resistentes como la ruda, la menta y otras yerbas, que viven afuera e invernan y se duermen, pero saben despertar junto a las flores, a comienzos del mes de marzo.
Todas las más frágiles ya están preparándose, como si supieran que con la llegada del otoño se les acaban las vacaciones.
Creo que están ya resignadas y dispuestas a invernar junto conmigo, los largos meses del invierno que tenemos por delante.
Y el primero, ya preparado, es mi Romero.
El aroma es exquisito...
ReplyDeleteTengo una que parece gemela a la suya.
Y si, ya va preparandose, pero afortunadamente en Florida aun en epoca de invierno se mantiene sin llegar a dormir.
que envidia
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