
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Que los hombres se maten entre sí, siempre ha estado intrínsico en el ser humano. Que torture a sus semejantes, es parte de ese flanco cruel y avaricioso que ha provocado guerras y muerte.
Donde quiera que se mire hay violencia; y desalmados que se aprovechan del ser más débil a quien mantienen encarcelado o sometido a sus caprichos.
El que está arriba pisotea al que está más abajo.
El que se ha adueñado del poder lo ejerce para su provecho, violando almas y cuerpos con sus caprichos.
Puede ser Rey, Presidente, Jefe de su barrio o tribu o cabeza de su hogar. No importa. Domina su entorno despóticamente, abusando de su poder conferido por tradición, ley, designio o unión.
¿Por qué esos abusos, esa decisión de causar dolor a sus semejantes?
Pudiéramos decir que está enclavada en su condición de ser humano.
Pero, como ser privilegiado en la naturaleza -que ha dominado y herido a su gusto- también puede ser bueno, tierno y sensible.
Y puede producir belleza en poesía. Y también halagar el oído con la música. Y la vista con el arte de plasmar belleza y vida a un mármol o a un lienzo.
Puede susurrar como las palomas, movido por el deseo y el amor. Y enternecerse frente a un niño desvalido.
O sea, el hombre es dos en uno.
Sin embargo, para dolor de muchos, prevalece con más frecuencia el lado que lo expulsó del Paraíso, cualquiera que éste haya sido. Y bajo esta condición, deja atrás amor, belleza y bondad para usar su otra mano... la izquierda. La del odio, la venganza y el desafío.
Y mientras no supere su temperamento cruel, que lo separa de su otro lado, existirá el abuso, la tristeza y el dolor en el mundo.
Lo malo es que en millones no hay superación posible, porque hay seres que están dominados por completo por sus instintos y para ellos no existe "ese otro lado..." para desgracia del resto de la Humanidad.
0 comments:
Post a Comment