
Tal Cual
Venezuela
La verdadera Cédula del Buen Vivir es la que desde hace once años portan los corruptos boliburgueses, salvoconducto rojo rojito que les ha permitido rumbearse los dineros del país
Por: Elizabeth Fuentes
A mí que no me vengan a decir que la Cédula del Buen Vivir es lo mismo que la Boleta de Racionamiento que desde hace 50 años sufren los ciudadanos cubanos y les permite hacer un mercadito piche, de acuerdo a lo que se medio consiga en las bodegas de allá.
Para empezar porque algunos cubanos pueden, vía corrupción, comprar más kilos de carne de lo que les corresponde si tienen los dólares suficientes, dólares que consiguen porque se los mandan desde Miami o porque alguien de la familia está dedicada a la prostitución (una de las profesiones más lucrativas hoy en la isla) y le cobra a los turistas en divisas. O sea, que mientras en Cuba algunos pelabolas privilegiados pueden utilizar sus dólares para comer mejorcito una vez al mes, aquí está prohibido hacer transacciones en dólares, lo que hace la primera gran diferencia.
En segundo lugar, creo que la Cédula del Buen Vivir no podría ser una réplica del modelo cubano porque lo más seguro es que aquí se la otorguen sólo a aquellos que no aparezcan en la Lista Tascón, los que marchen con franela roja a cuanto templete se les convoque, los que le jalen bolas a los chavistas, presidan Consejos Comunales y así sucesivamente. Mientras que en Cuba, aunque usted no lo crea, el asunto es más democrático porque allá la gran mayoría come pésimo y sólo un grupete perteneciente al círculo cercano a Fidel se cae a langosta cuando les provoca.
Y, finalmente, porque la Cédula del Buen Vivir funcionaría, según creo haberle entendido al Presidente Economista Comandante, más o menos parecido a las tarjetas de crédito en el exterior: "No para promover el consumismo, sino para comprar lo justo", ha dicho. O sea, que tiene un límite tipo Cadivi. Y aquí habría que agregar varias dudas porque: ¿Qué zipote es comprar lo justo y en qué se diferencia de promover el consumismo? ¿Cuando alguien compra lo justo no está ejerciendo el consumismo? Y otra aún mayor: si la Cédula, expedida por el Banco de Venezuela, funcionará como cualquier tarjeta de débito y lo consumido se irá descontando al ciudadano de su cuenta de ahorro y éste decide llevarse cuatro litros de aceite porque está escaso, ¿por cuál mecanismo la Cédula del Buen Vivir se va a dar cuenta del abuso y, zuas, va a negar la transacción?
La verdad es que si yo fuera el Presidente en campaña y quisiera recuperar la popularidad perdida, pues habría resultado mejor copiarse aquella idea de Manuel Rosales, la tarjeta Mi Negra, que al menos prometía entregar entre 600 y un millón de bolívares mensuales a las familias empobrecidas, de acuerdo a la producción del petróleo, y así muchos sí podrían asegurar que Pdvsa es de todos.
Aunque, imposible evitar el chiste, la verdadera Cédula del Buen Vivir es la que desde hace once años portan los corruptos boliburgueses, salvoconducto rojo rojito que les ha permitido rumbearse los dineros del país sin que hasta ahora el Presidente Economista los haya obligado a despilfarrar "lo justo"...
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