
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Muchas veces he soñado con cosas extrañas, de difícil interpretación.
Con el correr del tiempo su posible significado se ha hecho aparente, al desfilar las imágenes nocturnas y ponerse frente a un hecho que me está ocurriendo y calzar allí perfectamente, demostrando que ese era el lugar destinado de antemano.
He tenido largas pesadillas recurrentes en que huyo y me escondo y retengo el aliento para que los que me persiguen no me descubran.
Subo a trenes que nunca llegan y cruzo andenes vacíos.
Llego a calles y ciudades que intento reconocer, pero al tratar de dales un nombre veo que están cambiadas y distorsionadas como un cuadro impresionista.
Hay parras con uvas y vegetación que no conozco. Y veo con frecuencia un árbol, que debe ser un roble, que está frente a mi casa y que puedo mirar por la ventana. En los sueños siempre lo veo desde arriba, frondoso, así que debe ser verano. A ese árbol lo reconocí al verlo por primera vez como parte de mis sueños.
Contemplo otra vivienda, con muchas siembras alrededor. Y al caminar me doy cuenta que está frente del mar. Majestuoso y mío, ruidoso en su golpetear de las olas, como mar chileno.
Veo a una amiga que me saluda, pero a ella falleció.
¿Cómo, si esta muerta, aún agita su mano desde la ventana que era su estudio y que daba frente a mi casa?
Sueño con sueños y me digo voy a despertar y esto sólo ha sido un sueño.
A veces son pesadillas que no me dejan tranquila.
Hace mucho no hay flores ni dulzura y todo es agonía e incertidumbre que se cuela, como ante una puerta mal entornada, hacia mis sueños.
Hoy las pesadillas se repiten constantemente, sin tregua.
Estoy acosada y siento la misma sensación de miedo que en mis sueños cuando estoy despierta.
Ya casi no duermo. Y cuando agotada por fin me rindo, entonces surgen esos fantamas, que por tanto tiempo me han perseguido y que creen que por fin soy parte de ellos, porque creen que ya me alcanzaron.
Mi querida Angélica: Impecable texto. Felicito tus sucesos construidos no como suma de recursos, figuras o tropos, sino como una estructura en la que el hecho narrativo muestra su propia, íntima y fundamental dependencia. Ese fenómeno de recurrencia (sin redundancia) del sueño, garantiza la perfecta coherencia escritural de este muy bien logrado momento literario.
ReplyDeleteEnhorabuena.
Un buen abrazo y un beso.
Inés de Cuevas
Venezuela