Friday, July 16, 2010

UN CAYUCO LLEGADO DE LA HABANA

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Manuel Vásquez Portal
http://www.tintainfelizmierdaflorida.blogspot.com/

Miguel Ángel Moratinos oteó el horizonte. El Mar Caribe reverberaba. Un azul de honda intensidad se extendía en lontananza. Calculó que una tormenta tropical no los sorprendería en la travesía. Revisó con calma su viejo sextante y su antiguo astrolabio. Golpeó con un dedo la brújula que sobre una estrella marina bamboleaba su aguja para comprobar que funcionaba. Limpió con el codo la visera de su gorra de marinero, se la encasquetó ladeada sobre la oreja derecha, rogó al arzobispo de la ciudad que los bendijera, y dio la orden de partida.
Antes de echarse al proceloso océano, el viejo lobo de mar se había cerciorado de que todos estaban de acuerdo en presentarse como emigrantes. Aleccionó a cada uno sobre su condición. Nadie podría aparecerse luego con que no se le había advertido su estado en la península. En el viaje anterior cometieron el error de no dejar claras las cosas y no podían repetirse los berrinches de Omar Pernet, Pedro Pablo Álvarez o Alejandro González Raga, por obtener un refugio político. De eso nada. El compromiso con el dueño de la isla era que llegarían a España como un africano más.
El patrón del cayuco alzó el brazo para despedirse del prelado, del viejo negrero que le había encomendado la carga, de los traficantes que sirvieron de apoyo en el pequeño atracadero, y tras haberse persignado varias veces, cerró los ojos para no mirar a unas mujeres vestidas de blanco, a quienes había usurpado el sacrificio, y dijo a la tripulación que izaran las velas.

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