
Cubamatinal/ Desde un principio y desde estas páginas, se habló de hedor ambiental y de cómo la dictadura maniobraría para librarse de la resonancia alcanzada por la muerte heroica de Orlando Zapata Tamayo y la no menos heroica actuación en las calles de las Damas de Blanco. La maniobra es un hecho y otra vez la iglesia, lo peor de España, los neo oposicionistas y la vieja oposición, se unen, acatan y aplauden.
Por Juan González Febles
La Habana, 17 de julio /PD/ Para redondear tanta felicidad, Fariñas salvó la vida y pronto estará listo para continuar su extravagante estilo de lucha, un grupo de hombres recibió un cambio de sanción a partir de la cual, parten desterrados. Otros, esperan la forma en que la dictadura, la Iglesia y España, decidirán su destino.
El único saldo favorable hasta el momento es que al menos, unas pocas decenas, de una población penal que roza los doscientos por motivos políticos, no volverán a ser torturados por el Ministerio del Interior. Ahora sufrirán lejanía y aquella amargura de que habló José Martí, cuando se refería a las amargas playas del destierro. Otros aguardan la forma definitiva que tomará la charada hispano-castrista-eclesiástica y la forma en que su destino será negociado.
Con las intrigas del Vaticano, la iglesia católica doméstica, la clase política que llevó a España a la bancarrota y algunos figurones de la pasarela política doméstica promovidos desde Washington-Miami, ya hasta se habla de que el Sr. Moratinos conseguirá modificar la Posición Común europea.
En los Estados Unidos, las posiciones de la dictadura fueron bien sostenidas. Se hizo posible con funciones, controversias de políticos y cantantes, oportunas cartas de fragmentación y un irrepetiblemente inepto lobby cubano-americano de cabilderos en Washington. Pero todo esto en su momento se percibió y en su momento, se alertó que conspiraba contra la democracia.
Quizás ese grupo de cabildeo, que desde Washington contribuyó involuntariamente a estos resultados, ande contrito. En tiempo de santurronerías, traiciones y clericalias, se impone la tolerancia. Por compasión y no llamarlos malintencionados, les debemos conceptuar como el más selecto y especial (bunch of loosers) bando de perdedores visto por Washington en más de doscientos años de vida republicana.
No nos equivocamos antes y sinceramente quisiéramos estar equivocados sobre el anunciado futuro de camaleónico continuismo sino-putinesco, que se nos viene encima. Dios no lo quiera.
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