
www.elfogonerovenegas.blogspot.com
Camilo Venegas
Conocí a Jaime Ortega en el bautizo de la hija de un amigo. Fue una ceremonia tan discreta que el cardenal pudo comportarse como un cura de pueblo. Trató a los pocos que asistimos como viejos conocidos. Hizo chistes, contó chismes y dijo gusanerías. El sacerdote se sentía en un ambiente familiar. Más que una sotana, parecía vestir una bata de casa.
Esa es la única vez que le he visto decir cosas más o menos relevantes, aunque debo admitir que ninguna de ellas rebasaba el ámbito familiar, ese estricto y llano cotilleo del día a día. A partir de aquella mañana del año 2000 (¿o fue en 1999?) le volví a perder de vista. Su incidencia en la vida nacional ha sido tan irrelevante, que poco importaba si había vuelto a Cárdenas o permanecía en la catedral de La Habana.
De un tiempo a esta parte, el cardenal Ortega (algunos libros de estilos sugieren que ese cargo se escriba en mayúsculas; en el caso de Jaime, sería una tremenda exageración) se ha prestado para algunas maniobras del régimen de los hermanos Castro. A eso y solo a eso se debe su súbita resonancia en los reportes de prensa. Tal como se manejó en el bautizo, Ortega ha hecho chistes y ha contado chismes, pero, también hay que decirlo, se ha tragado las gusanerías.
Todo parece indicar que el cardenal estará muy ocupado en los próximos días. Según leo, se ha propuesto convencer a todos los presos políticos que serán liberados por la dictadura de que se acojan al destierro. Más que un guía espiritual, Jaime se comporta como una piadosa beata, por eso es que el atuendo de ir por casa le queda mejor que la sotana.
No comments:
Post a Comment