
Oswaldo Alvarez Paz
Ex parlamentario venezolano
La expresión más perversa de la cobardía es el abuso de poder. Si este tipo de conducta es condenable en las actividades ordinarias de la vida, resulta inaceptable en el caso de gobernantes. Para conocer de verdad a cualquier persona, basta con darle poder político o económico, o ambas cosas al mismo tiempo. Muy pronto sabremos a qué atenernos, para bien o para mal. El caso de Venezuela es dramático. Ya traspasa los límites de lo aceptable, de lo tolerable, de la decencia mínima que debe exigirse a cualquier jefe de estado o de gobierno.
Una vez más agrede a la jerarquía de la Iglesia Católica, al Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Sabino, como respuesta a unas acertadas y oportunas declaraciones del prelado sobre el rumbo marxista-leninista del régimen y el peligro comunista que amenaza las libertades fundamentales de los venezolanos. La declaración verbal del Presidente fue grosera, insultante, soez, vulgar, rica en adjetivos que retratan en toda su estatura a un mediocre importantizado, pero enfermo incurable de tiranía. No responde, ni aclara, las serias preocupaciones del Cardenal que recogen las sospechas y preocupaciones de la inmensa mayoría de los venezolanos. Busca desprestigiar a la institución que goza de mayor credibilidad en Venezuela, liquidar su influencia y acabar con el respeto del ciudadano común hacia los representantes de su Iglesia.
Otro grave error del régimen castro-chavista. Venezuela cierra filas en defensa de la democracia y la libertad. Todos los sectores democráticos, todas las Iglesias y cuantos aprecian los valores y principios amenazados han manifestado absoluto rechazo al Presidente y abierto respaldo al Cardenal Urosa. Venezuela no es, ni será nunca comunista. Lamentablemente marchamos hacia una confrontación definitiva. El régimen inventa conspiraciones y nuevamente apela a la denuncia de un eventual magnicidio que nunca se ha concretado. En esta oportunidad trabajan en el montaje del caso con fabricación de “magnicidas” y circunstancias para arremeter contra opositores incorruptibles.
El régimen perdió el respaldo popular. Apela a la represión, a la violencia física e institucional. Actúa al margen del derecho y de la cordura. Quienes lo dirigen lucen nerviosos. Desconfían de todo el mundo porque saben que ya nadie puede confiar en ellos.
oalvarezpaz@gmail.com Lunes, 9 de julio de 2010
EXPRESO, Lima
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