Wednesday, June 9, 2010

YO LO VI LLORAR

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Angélica Mora

Nueva York

Apuntes de una Periodista

Yo estaba en la Voz de las Américas, VOA, cuando sucedió el golpe de estado del 11 de abril del 2002 en Venezuela.

Recuerdo que Hugo Chávez desapareció en el tumulto del alzamiento militar y en la emisora logramos hablar con miembros del derrocado gobierno, absolutamente en desbandada y desorientados al no poder encontrar al presidente.

El derrocamiento fue "la gota que colmó el vaso" en un período de abusos políticos del poder Ejecutivo, que sin embargo no son nada en comparación al caos actual de Venezuela.

El golpe se produjo por un enorme descontento generado ante la firma de una ley por parte de Chávez, que aprobaba un paquete de 49 decretos de Leyes Habilitantes. La más criticadas eran las leyes de tierras, educación e hidrocarburos.
Una marcha de la oposición, que iba hacia el Palacio de gobierno, terminó en graves enfrentamientos con simpatizantes de Chávez, lo que dejó un saldo de muertos y heridos.

El terror del derrocado presidente es bien conocido para los que seguimos las incidencias de esos días.

Hubo versiones militares que Chávez había renunciado.
Asumió el poder el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga.

Sin embargo el golpe de estado no prosperó.
La oposición, se dividió y no tuvo la habilidad de seguir adelante. Militares y civiles vacilaron ante las consecuencias y presiones internacionales, ya que muchos países no reconocieron a Carmona.

Los militares leales a Chávez retomaron el poder y éste reasumió la Presidencia en la madrugada del 14 de abril de 2002.

Lo que pasó en esos días de la desaparición es revelado hoy en un libro titulado "Yo lo ví llorar" que acaba de ser presentado en Miami.
Su autor es el venezolano Agustín Blanco Muñoz, historiador de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la historia está basada en el testimonio de Otto Gebauer, un oficial de inteligencia del ejército venezolano, quien fue uno de los custodios de Chávez cuando estuvo detenido por el alto mando militar, entre el 11 y el 13 de abril del 2002.

El libro revela el estado emocional del mandatario y cómo lloraba inconsolable frente a sus custodios, rogando que lo enviaran a Cuba.

El libro sin embargo, no narra que Chávez antes de ser detenido se refugió en un lugar sólo conocido por sus más allegados, y desde allí, a través de un teléfono portátil, tuvo varias conversaciones urgentes con Fidel Castro, quien le gritaba que no podía abandonar el poder.

Los dos días en que Chávez estuvo detenido fue trasladado varias veces:
Primero a Fuerte Tiuna, en Caracas. Luego fue llevado a la base naval de Turiamo, en la costa central de Venezuela y por último conducido a la base naval de La Orchila, donde fue rescatado por militares al mando del general Raúl Baduel.

Baduel hoy está en prisión, luego de haber sido el amigo más fiel del Presidente.
Y Gebauer se encuentra detenido en la prisión de Ramo Verde, en las afueras de la capital, por su presunta participación en ese alzamiento.

Según Gebauer, durante su cautiverio Chávez "lloraba pidiendo que lo sacaran a Cuba..."
Relató en una parte del libro:
"Ese Hugo Chávez que uno ve en la televisión, tan prepotente y seguro de sí mismo, no fue el que yo vi. Aquel Chávez era sumiso, inseguro, dudaba de todo, arrepentido de todo lo que había sucedido... lo único que le interesaba era irse a Cuba".

Agrega Gebauer:
"El 12 de abril Chávez no decía que iba a morir por el pueblo, yo soy el presidente, ni nada de eso.¡No señor! Lo que decía era: sáquenme para Cuba!"

Según el autor de "Yo lo vi llorar", no se trata simplemente de la historia del llanto de Chávez, "sino de la prueba de que en situaciones de tensión, Chávez se acobarda y pierde la perspectiva".

El libro desmiente la afirmación realizada por Fidel Castro en una entrevista con el periodista francés Ignacio Ramonet, que Chávez iba a ser fusilado por los golpistas. Señala Gebauer:
"Es para crear un mito, una historia que es una vulgar mentira".

En el libro «Fidel Castro, biografía a dos voces» el propio Castro reconoce que llamó a Chávez antes de que éste se entregara y le dijo:
«No te inmoles, Hugo; no hagas como Allende, que era un hombre solo; tú tienes una gran parte del Ejército, no dimitas, no renuncies».

Los motores de dos aviones cubanos estaban andando en La Habana, luego que comisionó al entonces canciller Felipe Pérez Roque para que se trasladara a Caracas y regresara con Chávez.

Sin embargo, ese era el último recurso. En su porfía Castro se negaba a recibir a Chávez en Cuba.
El Máximo Líder no podía tolerar que todo su imperio virtual se le viniera abajo, con la caída de su discípulo venezolano.

Después se produjo el arresto y Fidel Castro, reanudó sus esfuerzos y localizó e hizo contacto con «un General que estaba con él» para insistir en que ayudara a Chávez. Este general logró persuadir a sus camaradas y a grupos de civiles, de retornarlo al poder.

Hoy ese y otros militares se han arrepentidos públicamente desde la cárcel o el exilio, de haber tomado esa determinación.

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