
Cubamatinal/ En lo adelante voy a referirme a conversaciones Iglesia-Estado y a no utilizar el término mediación. A fin de cuentas, el régimen cubano no reconoce interlocutores civiles dentro de Cuba, luego no existe tal mediación. Se trata de que el régimen buscó y encontró el interlocutor que necesitó para guardar las formas y dar a conocer por esta vía, decisiones dirigidas a recuperar algo de credibilidad y prestigio, tanto en el interior como en el exterior de Cuba.
Por Juan González Febles
La Habana, 10 de junio /PD/ A través de conversaciones con el interlocutor escogido, el régimen militar se afana en resolver las contradicciones y situaciones creadas a partir de la protesta cívica de las Damas de Blanco y la muerte evitable del prisionero político Orlando Zapata Tamayo.
Las conversaciones del cardenal Jaime Ortega Alamino con el presidente, general Raúl Castro, anuncian cambios que mejorarán las terribles condiciones de internamiento para los miembros del prestigioso Grupo de los 75. Esto es, sin dudas muy positivo.
Las decisiones tomadas por el Gobierno cubano y dadas a conocer en el marco de sus conversaciones con la Iglesia, resumen lo poco que se ha alcanzado hasta el momento, durante más de 30 años de lucha pacífica pro democrática. Lo más importante fue que el Gobierno cubano se vio obligado a crear la ficción de un diálogo y a comprometerse para humanizar las condiciones carcelarias de un importante y prestigioso grupo de presos políticos. Aunque no puede decirse que la medida beneficie a la totalidad del presidio político cubano, se trata de algo sin precedentes en el historial del régimen castrista.
Lo otro sería el reconocimiento tácito de las Damas de Blanco como grupo de opinión dentro de la sociedad civil cubana. Las Damas de Blanco se negaron a que se criminalice su actuar y por tanto a aceptar como contrapartida de diálogo con las autoridades, a la policía de Seguridad del Estado. Es la primera vez en más de cincuenta años, que personas naturales o jurídicas dentro de Cuba, rechazan la participación de la omnisciente policía de Seguridad del Estado, en alguno de los múltiples y diversos asuntos que se ocupan y se han ocupado, continúa e inveteradamente y que no siempre son materias de seguridad nacional. Desde su fundación, la organización regularizó su actuar en la represión política del pensamiento y el actuar ciudadano.
Las conversaciones con el cardenal Jaime Ortega, han puesto sobre el tapete la capacidad del Gobierno cubano para usar o no al ‘pueblo enardecido’. Con los últimos acuerdos logrados, quedó establecida la responsabilidad total del gobierno por la ocurrencia de los llamados ‘mítines de repudio’. También, la voluntad de este régimen para impedir a los cubanos manifestarse pacíficamente en las calles y realizar una actividad política opositora al amparo de la ley, aun y cuando esta sea pacífica y eminentemente civil.
Todo lo alcanzado por las conversaciones Iglesia-gobierno y la mera existencia de tales conversaciones, se debe al sacrificio y la determinación de Orlando Zapata Tamayo, al heroísmo cívico de las Damas de Blanco y de Apoyo, sumado a una quiebra estructural en los soportes ideológicos de la dictadura militar, tanto en el interior de la Isla como en el espacio internacional.
Inmediatamente que se completen los traslados de prisioneros y el ingreso en centros asistenciales de los más afectados en su salud, quedará pendiente la amnistía de todos los hombres y mujeres dignos que integran el presidio político cubano. Esta amnistía deberá ser total e institucional y deberá abarcar a cada preso político y de conciencia. Es decir, los 75 y todos los demás.
En las decisiones comunicadas desde las conversaciones Iglesia-Estado, falta carácter institucional. Sin este carácter, el mandarinato verdeolivo puede revertir lo alcanzado siempre y cuando lo encuentre conveniente. La amnistía total y el respeto institucional del régimen militar a la práctica política ciudadana de oposición pacífica, deben ser premisas para las actuales y futuras oportunidades. Debe reafirmarse el derecho a que las Damas de Blanco salgan a las calles con quien desee acompañarlas. Pero además, que lo hagan mujeres, hombres, jóvenes y hasta niños. Estas serían las oportunidades. El resto: oportunismo.
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