
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
El régimen cubano los cataloga y considera presos comunes. Pero los reos de conciencia no aceptan ser considerados de esta manera, como delincuentes.
La huelga de hambre de Diosdado González Marrero en la cárcel matancera de Agüica, fue por su dignidad.
Quería que se le respetara, y se le reconociera que fue por sus ideas por la que fue condenado a 20 años de prisión.
Diosdado ganó su batalla y avanzó un precioso espacio en su lucha, al reconocerle sus carceleros el derecho a ser tratado como preso político, y no como un delincuente común.
El y los otros 74 opositores apresados en la redada del 2003, fueron privados de sus libertades por pensar diferente, por rebelarse pacíficamente contra el sistema y por eso -como un símbolo visible que los separa del resto de los presos- se niegan a ponerse el uniforme de reo común.
González Marrero está condenado, no por haber delinquido, sino por sus ideas y lo menos que puede hacer el gobierno de la Habana es respetar que éste y otros luchadores pacíficos tengan el derecho a no usar el uniforme de preso.
Con su gesto y el de sus compañeros, se une a una larga lista de centenares de presos políticos cubanos que han rehusado -desde el inicio del gobierno castrista- a vestir el traje carcelario.
Fidel Castro estuvo preso sólo 18 meses -de una condena de 15 años de cárcel- por dirigir el ataque al Cuartel Moncada. Fulgencio Batista cedió ante la presión pública y liberó a todos los implicados.
Durante su confinamiento Castro gozó -él y el resto- privilegios de preso político:
Comodidades, cocinar en la celda, visitas, abundante material de lectura, sol, deportes en grupo y vestir la ropa que quisiera.
En cambio, durante los 51 años del régimen castrista, el tratamiento hacia los presos políticos ha sido inhumano:
Trabajos forzados, torturas, palizas, malnutrición, falta de atención médica, y hasta asesinatos a manos de los presos comunes y los guardias.
Muchos han recurrido a huelgas de hambre para exigir un trato humano. Lamentablemente, algunos han pagado con sus vidas.
Y ahora, igual que ayer, los que injustamente fueron condenados en aquella fatídica "Primavera Negra" quieren seguir revestidos por su dignidad, frente al sistema que los ha encarcelado por el solo delito de pensar diferente.
Lo menos que puede hacer la dictadura cubana es respetar esa actitud.
Asimismo, debe respetar la dignidad de las mujeres que integran el grupo de las Damas de Blanco y de Apoyo, quienes marcharon este domingo y lo continuarán haciendo, pidiendo la libertad de sus seres queridos.
Las Damas de Blanco, dicen estar muy agradecidas de la solidaridad de las Damas de Apoyo y expresan que todas juntas se mantendrán firmes en las calles hasta que sea liberado el último preso político.
Agregan que respetan las opiniones y criterios de las demás, quienes son libres de realizar sus propias estrategias, pero de igual forma, piden respeto para ellas.
El mundo libre realmente espera que el gobierno cubano no ordene de nuevo la salida de las turbas y la policía política para tratar de detener las caminatas de las Damas de Blanco y sus acompañentes.
El Régimen tiene que tener en cuenta que estas mujeres han demostrado con su actitud inconmovible que no se detendrán en su propósito, aunque esto les cueste la vida.
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