
Para Julita, responsable de haber creado el artículo.
Angélica Mora
Nueva York
Apuntes de una Periodista
Aprendí a tomar café-café, bien fuerte y con harta azúcar, en Radio Martí.
En la emisora, podíamos estar en esos días de "todos contra todos", pero parábamos y nos justábamos en el comedor a tomar café recién colado: "colada" y a veces un "cortaito".
Los carteles que se colocaban en el fregadero o lavaplatos, advirtiendo no echar el sedimento del café por el resumidero porque "lo tupía", eran clásicos y demostraban nuestros diferentes puntos de vista en cuanto a cómo se escribía en castellano.
Cada palabra del cartel "mal escrita" --" la borra del café", por ejemplo-- era subrayada y debajo se colocaba lo que se creía que era correcto.
¡Era de laarrgoo!
Yo no me metía porque había aprendido mi lección.
En una ocasión mi editora, Blanca Nieves, me corrigió una de mis noticias, que yo creía que estaba escrita en forma correcta.
Me fuí a la base -los puntos de vista se discutían en la emisora hasta el final- y le mostré triunfante la palabra en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia.
Blanca Nieves siguió moviendo la cabeza negativamente:
"Angie, me dijo, así no se dice en Cuba..."
Me quedé unos momentos sin habla (?) y algo me entró por la cabeza. El pensamiento de que mi editora tenía toda la razón. Puede haber sido correcto para el resto del mundo, pero resulta que "así no se decía en la Isla" y nosotros transmitíamos para Cuba y no para otro lugar del planeta.
Pero me he apartado bastante de esto del café a la cubana.
Ante de Radio Martí, mí paladar estaba acostumbrado a los cafés más o menos "guayoyos", como dicen en Venezuela, un "jugo de calcetín" si se le compara a las bombas cubanas. En la tierra de Bolívar -en los tiempos en que había café- se llamaban "cortado", "negrito" o "un con leche".
En Chile había buenos cafés en el centro de Santiago.
El "Do Brasil" era mi favorito y en él había unos casilleros con las letras del abecedario, donde se dejaba recados a enamorados y personas amigas. ¡¡Sí, toda una vida antes de Facebook y Twitter!!!
Pero, ¿saben? para más detalles van a tener que leer mis Memorias, que aún escribo y deseo terminarlas y publicarlas antes que acabe el año.
Que les baste saber por adelantado que el vicio de tomar un buen café -café cubano- me dura hasta ahora y no despierto por completo hasta que no me he tomado esa primera descarga de cafeína azucarada.
La tomo en una pequeña taza, con un dibujo de una palmera y un bohío, que me enviaron desde Santiago de Cuba hace 24 años y que me hace recordar cada día mis compromisos.
e que Ud es tomadora de café cubano!
ReplyDeleteSe que le gustan los “pastelitos cubanos y las croquetas de El Versailles ( anuncio no pagado). Por eso la considero como “parte de la comunidad cubana”. Primero por sus horas dedicadas a Cuba, por su inmensa labor para nuestra causa, por sus grandes amigos en la Isla. Ud que conquisto y se gano el respeto de todos los oyentes que desde la Cuba esclava, luchaban por la libertad. Todos esperaban por su voz y se también que mas que periodista fue y ES gran amiga de los disidentes y de la causa de Cuba.. Se que Ud tiene muchos ahijados en Cuba y que a costa de sacrificios no los abandona.
Si hay una mujer que merece el reconocimiento, el respeto y el cariño de los cubanos, es esta chilena que aun sigue batallando por una Cuba Libre.
El día que Ud dejó Radio Marti, ese día la que perdió fue, la causa de Cuba.
Nadie ha podido sustituirla en su profesionalismo y dedicación.
Ojala, tuviésemos una Angélica en las ondas de la Radio Local, en estos días. Dios lo quiera.
Pero volviendo al café cubano.....A mi salida de Cuba, vía España, fue un chileno el que me enseño a sustituir ciertas cosas que, en aquel entonces, no habían en Madrid. La banana madura por el plátano maduro frito. El arroz con huevos fritos , pidiendo “huevos entomatados” (venia con arroz blanco) y me aclaro.....Cuando pidas el plato di: “sin tomate”. Fue el que me llevo a un pequeño restaurancito “cubano” y volví a saborear la rica comida cubana que no existía por el 1067 en Madrid.
Por eso recuerdo a ese chileno que aprendió “ como buen cubano” a no perder nuestras costumbres.
Me refiero al “Indio Araucano” tan querido en Cuba. Nos toco juntos el exilio en Madrid y siempre lo recuerdo con una carpeta , sentado en La Embajada americana, que en su frente decía: El Indio Araucano y su Tribu.
Dos grandes chilenos “cubanos”
guauu
ReplyDeletemil gracias