
Angélica Mora
Texas
Apuntes de una ¨Periodista
Al vivaracho de Lula le están cayendo fuertes críticas, porque ahora el Presidente del Brasil está mostrando sus verdaderos colores.
El no tan Muchacho de Ipanema sambea desde hace rato sus pasos de servidumbre con La Habana, que en realidad es la música que siempre ha llevado en su corazón.
En el pasado, Lula fue un tanto cauto e hizo creer a la opinión pública internacional que era un Presidente serio y neutral en sus correlaciones con los demás gobiernos.
Este jueguito de buenas intenciones lo hizo para ganar la confianza de Barack Obama, quien necesitaba un mediador regional efectivo en América Latina.
En su visita de marzo del año pasado a Washington, el mandatario brasileño empleó sagazmente ese juego diplomático de cabildeo e hizo creer, a creyentes y profanos, que estaba "de este lado" y dispuesto a ser útil en todo tipo de mediaciones en las relaciones de USA con el Eje Cuba-Habana y sus satélites.
Con su labia grandilocuente dio a entender que era El Experto y podía arreglar tanto los desperfectos de la maquinaria con Chávez como relajar las tensiones del viejo motor de la Habana.
Era el típico arreglalotodo y con esta actitud dejó muy satisfechos a los gringos, quienes se frotaron las manos, envueltos en su ingenuidad de siempre, sin captar el sentido de la malicia de "este personaje del otro lado de la cerca".
Sin embargo, otro es el final del cuento.
En la medida en que se aproxima el fin de su mandato Lula está dejando atrás su disfraz neutral para pronunciarse abiertamente en favor de la tiranía.
Ya en su visita en la Habana del 25 de febrero pasado, fue ambiguo y sólo expresó que "lamentaba profundamente" la muerte de Orlando Zapata luego de su huelga de hambre. Luego abrió tamaños ojos y se mostró sorprendido y dijo no haber recibido ninguna carta de los presos políticos cubanos, quienes le habían escrito pidiendo que intercediera por ellos frente al gobierno cubano para salir en libertad.
Pero, ahora no hay engaño. Lula se sacó definitivamente la máscara y desató fuertes críticas por sus declaraciones en las que defendió "el derecho de Cuba de detener a los disidentes políticos" y de paso criticó a los que realizan este tipo de protestas.
El tema surgió semanas después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo quien falleció mientras estaba en huelga de hambre y de que otro opositor, Guillermo Fariña, se declarara también en huelga de hambre.
Lula declaró el martes que "la huelga de hambre no puede ser usada como un pretexto de derechos humanos para liberar las personas".
Señaló, "imagine si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entran en huelga de hambre y piden libertad. Tenemos que respetar la determinación de la justicia y el gobierno cubano de detener a las personas en función de la legislación de Cuba, como quiero que respeten a Brasil".
Lo increíble es que Lula usó este recurso de protesta -la huelga de hambre- en su lucha política y hoy esgrime esa repugnante actitud contra los que luchan a traves del ayuno contra la tiranía.
Pero, quizás lo más grave es haber ofendido la memoria de Orlando Zapata, Gandhi y todos los que emplean este medio pacífico de lucha, al compararlos con los bandidos, presos en Sao Paulo.
¿Será que hasta en esto Lula ha copiado el torcido lenguaje del régimen de La Habana para quien no existen presos políticos y sí delincuentes y así lo pregona internacionalmente?
Yo siempre había desconfiado del presidente del Brasil a quien he catalogado como simple oportunista. Ahora, por fin, con sus torpes declaraciones sobre la realidad cubana el solapado Luiz Inacio Lula da Silva, muestra de lleno su color rojo, que es el que mejor le sienta y corresponde.
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