Pedro Corzo
Cuba
ante la falta del poder omnímodo de Fidel Castro es gobernada como si fuera una
corporación. Se pasó de la dictadura carismática a la burocrática y estos
últimos aparte de disfrutar del poder, también son muy entusiastas de las
fortunas que del mando pueden derivarse.
Este
último aspecto es clave para tratar de entender que los eventuales cambios en
la isla estarán limitados por los perjuicios que puedan causar en los
privilegios de la clase dirigente.
La
gerontocracia cubana, en particular la que bajó de la Sierra Maestra, junto a
los burócratas, antiguos y recientes, han dejado atrás los tiempos en que
aparentaban vivir en la austeridad, mientras el pueblo era sepultado en la
miseria.
Los
dirigentes castristas consideran que los peligros que corrieron y los esfuerzos
que realizaron para controlar el país por más de cinco décadas, a la vez que se
involucraban activamente en las ambiciones imperiales del Comandante en Jefe,
deben ser retribuidos, así que han decidido disfrutar de las ventajas
materiales que se derivan del poder.
La
nueva clase cubana tal como describiera lo que ocurrió en su país el yugoslavo
Milovan Djila, a fin de cuentas solo ha servido para sustituir a las clases
dirigentes desplazadas, pero sin la capacidad de crear riquezas que aquellas
tenían.
La
nomenclatura que impuso o se incorporó al totalitarismo gusta en el presente de
una vida confortable, casas, autos y en particular viajar al extranjero, pero
como es lógico también están muy interesados en que sus hijos y nietos puedan
cursar altos estudios, o al menos disfrutar de lo que ellos construyeron
encarcelando, matando, y conculcando los derechos más elementales a los
ciudadanos que no se plegaron al pensamiento y a la autoridad del nuevo orden
que se impuso en la isla en enero de 1959.
Muchos
de los hijos y nietos de estos generales y doctores residen en el extranjero
disfrutando de los bienes que sus parientes adquirieron gracias a su obediencia
y aportes a la dictadura. Otros estudian en universidades de países
capitalistas o simplemente viajan sin restricciones de ninguna clase.
No
faltan los que trabajan en corporaciones extranjeras radicadas en la isla. Buenos
salarios, mejores relaciones y un futuro independiente de la política, pero
consecuencia de esta.
También
están los que con espíritu emprendedor han montado negocios propios, lo que
obliga a preguntarse de dónde sacaron los bienes para poder tener independencia
económica, sin dudas que puede ser a base de talento y esfuerzos, pero también
porque una mano amiga les hizo llegar los dólares necesarios para echar a andar
el proyecto que promuevan.
Por
supuesto que hay hijos y nietos de dirigentes cubanos que enfrentan
dificultades como cualquier hijo del vecino, porque no cuentan con la
generosidad de sus padres o parientes, ya que tuvieron el coraje de condenar el
régimen de oprobio que sus familiares ayudaron a construir.
La
corporación Gobierno de Cuba, Ltd. está presidida por Raúl Castro, y su junta
de accionistas la integran generales, dirigentes del partido y doctores, todos
muy celosos de sus prerrogativas por lo que están listos para impedir cualquier
ajuste que le reste equilibrio al entramado que les garantiza poder, riquezas e
impunidad.
Es
razonable suponer que si bien Raúl Castro exterioriza la mayor autoridad, nunca
podrá gobernar al estilo de su hermano, y deberá conciliar sus intereses y
criterios a los del resto de su directorio, quienes por lógica política no
favorecerán un cambio radical que puede afectar las prerrogativas de que
disfrutan.
A pesar
de la importancia e influencia de cada integrante del entramado principal, no
se puede obviar que hasta el momento Raúl tiene la llave de los truenos.
A falta
de su hermano es el único con capacidad para mantener la casa en orden y por
eso es de suponer que sus asociados, más que ningún otro sector en la sociedad,
han de trabajar a favor de un proceso de ajustes lentos, sin traumas, que
permita la emergencia de nuevos líderes suficientemente comprometidos con el
pasado, para que no inicien un proceso de cambio que se sabe cómo empieza pero
no cómo termina.
En la
memoria colectiva de la nomenclatura castrista está presente el proceso que
condujo a la extinción de la Unión Soviética por lo que no están dispuestos a
permitir que afloren contradicciones internas y conflictos entre poderes que
pongan en riesgos sus respectivas sinecuras.
Todos
están conscientes de que el modelo ideológico y político sobre el que decían
gobernar ha fracasado, pero también tienen pleno conocimiento de que para que
el régimen sobreviva sigue siendo necesario que un individuo, solo un
individuo, como en la era de Fidel, ostente el verdadero poder.





